25 Enero 2010
El impacto del acceso a la información avanzada en las tareas de las universidades.
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Luis Enrique Orozco
Profesor Titular
Universidad de los Andes, Colombia
Enero 25 de 2010
El incremento de la información disponible por vías distintas a las de la universidad es uno de los factores externos de mayor incidencia en las nuevas orientaciones de las instituciones de educación superior. Como consecuencia de esta presión comienza a ser perentorio que estas instituciones, en materia de formación, incrementen en los estudiantes su competencia para identificar y comprender analíticamente el cúmulo de información a su disposición mediante el uso de datos que no provienen de modo exclusivo y de manera filtrada a través de los planes de estudio y de las bibliotecas. Pero también necesitan desarrollar competencias institucionales para aprovechar creativamente la información avanzada y generar innovación en los contenidos y orientación de los programas académicos y, en general, en la gestión del conocimiento.
Esta doble exigencia tiene sus antecedentes. Desde el origen de la escritura la información no sólo era escasa, sino poco accesible a las mayorías. Con el invento de la imprenta fue posible la reproducción relativamente fácil de la información y multiplicar su acceso de manera acelerada. A este respecto se apunta que la Biblioteca de Harvard se tomó 275 años para reunir su primer millón de libros pero luego lo hizo en sólo cinco años. En la actualidad, se incrementa la información hasta el punto que el problema consiste en evitar la desigualdad para acceder a ella y en hacer de la misma un uso razonablemente bueno. En las afueras de la universidad el acceso a la información avanzada y las nuevas tecnologías de la comunicación contribuyen a modular el comportamiento social en general y posibilitan su uso creativo y reflexivo para los futuros profesionales. Por ello surge la pregunta acerca de cómo las instituciones de educación superior aprovechan esta circunstancia para su propia consolidación académica y para su desarrollo institucional.
En esta materia se avanza de modo lento y silencioso. No obstante, se advierte la existencia de instituciones que están siendo transformadas a ritmo variado. Ya es frecuente hablar de algunas que, como MIT, tienen sus cursos en línea y de modo gratuito; se pueden encontrar en línea programas académicos completos con ejercicios, pruebas, evaluaciones y en las más diversas áreas del conocimiento; también existen redes sociales de tutoría académica, muy similares a Facebook.
Asistimos al desarrollo de un mundo que se mueve cada vez menos en la galaxia de Gutemberg, cuyo gran centro lo constituyó el libro; y más en la de INTERNET cuyo eje central pasa por el acceso y uso inteligente de la información avanzada a través de una verdadera revolución en materia de tecnologías de comunicación.
En fin, los recursos que existen son múltiples pero lo importante es saber utilizar su potencial. Claramente, el contenido abierto puede constituirse en una fuente de grandes innovaciones en la formación universitaria, ayudando a que éstas sean “instituciones que aprenden”. La experiencia de MIT se ha vuelto un ejemplo a seguir en más de treinta países en los cuales las universidades ponen sus cursos en línea a través del OpencourseWare Consortium.
Pero de nuevo, vuelve el interrogante acerca de cómo las instituciones universitarias podrían con base en todo este material disponible construir las herramientas apropiadas para generar cambios en sus propios proyectos educativos, con la creación de nuevos contenidos y propiciando un salto en materia de calidad académica y evitando, por ejemplo a la hora de configurar su oferta, la experiencia tan negativa de hablar de “educación virtual” o “a distancia” utilizando las mismas estrategias y medios de la educación presencial pero en la distancia.
Los cambios institucionales basados en uso importante de la información disponible pueden ir muy lejos. Según Jamil Salmi: La educación superior se encuentra en un punto decisivo. Los tiempos se acercan de disponer de universidades sin edificios o aulas, e incluso sin bibliotecas. Universidades a diez kilómetros de distancias de sus estudiantes, sin departamentos académicos, sin exigencias de cursos, grados o títulos; abiertas los 365 días al año; con un catálogo de más de 4.000 materias diferentes. Inclusive, es imaginable un sistema de educación superior en el cual su calidad no se juzga por el nivel de formación de sus profesores sino por la intensidad de sus conexiones electrónicas y de INTERNET.
Es necesario ser optimista y pensar que las universidades de modo paulatino irán encontrando el camino que les permita innovar en tiempos de cambio para reencontrarse consigo mismas como instituciones emprendedoras a la altura del nuevo milenio. Como lo señala José Joaquín Brunner: Quedarán atrás las actitudes institucionales resistentes al cambio e inclinadas a la conservación de un modelo de educación superior introvertido, de transmisión analógica, renuente a la diversificación, temeroso de la competencia internacional y sin visión de futuro. Recurrir al uso creativo de la información avanzada en los más diversos campos del conocimiento y de manera innovativa podría producir una verdadera revolución educativa que incluya aumento de cobertura, innovación y calidad de modo indisoluble.