Un poco de reflexión sobre la ética en la formación universitaria.

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Luis Enrique Orozco
Profesor Titular
Universidad de los Andes
Febrero 3 de 2010

Hace algunos años, en el caso de Colombia, se sugirió por parte del gobierno que la ética debía ser una cátedra obligatoria en la los programas académicos de la educación superior; algo así como en la actualidad se postula con carácter obligatorio la enseñanza de la Carta Política. En ambos casos había una intención de buena voluntad consistente en buscar que los estudiantes desarrollen una capacidad para adquirir compromisos morales y evaluar las consecuencias éticas de su comportamiento en el mundo laboral y en su vida personal. Naturalmente, la iniciativa tuvo poco éxito en virtud de un principio general según el cual los valores, que constituyen la sustancia del mundo moral y ético, no se aprenden; se hacen propios a través de experiencias que dignifiquen la vida personal y por consecuencia se asumen de modo consciente.

En consecuencia, la pregunta sigue en pie acerca de qué pueden hacer en la actualidad las instituciones de educación superior para mejorar el clima ético del país y formar la conciencia moral de los jóvenes profesionales. La búsqueda de respuestas es urgente y preocupa a todas las instituciones en la región y en el mundo entero por razones conocidas y asociadas a los efectos de la globalización, en términos de incremento de la brecha entre países ricos y pobres; al impacto de una economía de guerra que concentra de modo progresivo el poder económico en muy pocas manos; a los efectos del “poder sin rostro” de las multinacionales que hacen de las suyas con la mayor impunidad; al incremento de la pobreza de modo simultáneo a la concentración del ingreso en cada país; a los problemas de la explotación, de la dominación y ocultamiento de intereses que no repara en las exigencias de los derechos humanos; y en general, el decaimiento de las exigencias morales en todos los campos de la vida económica, social, política y cultural.

Es claro que las instituciones educativas no lo pueden hacer todo, pero sí pueden incidir en la conformación del talante moral de sus estudiantes, de modo que por “contaminación” éstos encuentren en su proceso de formación valores que consideren dignos de ser interiorizados para enriquecer su vida personal contribuyendo a su realización como personas. Se trata de contribuir a forjar en la persona del estudiante través del conocimiento científico su capacidad para hacer uso de su entendimiento a través de la observación sistemática, la abstracción correcta, la deducción y la argumentación que permiten concluir de modo lógico; pero también desarrollar su capacidad para pensar acerca de la condición humana, de la situación conflictiva del hombre y de la vida en sociedad, mostrar modelos funcionales que posibiliten el análisis del mundo social en que viven y hacer visible la fuerza de utopías que les permita construir futuro.

Son estas tareas prioritarias que de modo transversal deben incorporar la dimensión ética de los problemas actuales, dada la crisis de toda moral fundamentalista y la pérdida de sentido de los humanismos que reemplazaron con su discurso la educación en la realidad de tantas generaciones anteriores; pero también mostrar que es posible construir una ética mundial que, sobre la base de unos mínimos en que todos estemos de acuerdo, contribuya a la construcción de un mundo viable. Se trata de una ética civil, democrática, afincada en el diálogo en cuya construcción tienen un papel fundamental, los expertos, la opinión pública y los especialistas de la filosofía que hayan decidido poner sus armas intelectuales al servicio de la humanidad.

Más allá de cursos de Humanidades sin contextualización alguna, más allá de aprendizajes sofisticados tan útiles para mostrar la pedantería de los docentes y más allá de la retórica existente sobre la formación integral se requiere: a- Que las instituciones en sí mismas sean éticas en sus propias prácticas b- Que los docentes tengan la formación requerida para conducir a otros en campos como el de la moral y la ética que exigen que para ellos constituyan parte de su experiencia vital y c- Que la preocupación institucional por disponer de un componente ético-político en su proyecto académico se constituya en un compromiso mensurable en sus logros y exigible como estándar en los procesos de rendimientos de cuenta. Quizá, de esta manera las instituciones de educación superior incrementen su capacidad para elevar el temple moral de la sociedad.

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Luis Enrique Orozco

El impacto del acceso a la información avanzada en las tareas de las universidades.

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Luis Enrique Orozco
Profesor Titular
Universidad de los Andes, Colombia
Enero 25 de 2010

El incremento de la información disponible por vías distintas a las de la universidad es uno de los factores externos de mayor incidencia en las nuevas orientaciones de las instituciones de educación superior. Como consecuencia de esta presión comienza a ser perentorio que estas instituciones, en materia de formación, incrementen en los estudiantes su competencia para identificar y comprender analíticamente el cúmulo de información a su disposición mediante el uso de datos que no provienen de modo exclusivo y de manera filtrada a través de los planes de estudio y de las bibliotecas. Pero también necesitan desarrollar competencias institucionales para aprovechar creativamente la información avanzada y generar innovación en los contenidos y orientación de los programas académicos y, en general, en la gestión del conocimiento.

Esta doble exigencia tiene sus antecedentes. Desde el origen de la escritura la información no sólo era escasa, sino poco accesible a las mayorías. Con el invento de la imprenta fue posible la reproducción relativamente fácil de la información y multiplicar su acceso de manera acelerada. A este respecto se apunta que la Biblioteca de Harvard se tomó 275 años para reunir su primer millón de libros pero luego lo hizo en sólo cinco años. En la actualidad, se incrementa la información hasta el punto que el problema consiste en evitar la desigualdad para acceder a ella y en hacer de la misma un uso razonablemente bueno. En las afueras de la universidad el acceso a la información avanzada y las nuevas tecnologías de la comunicación contribuyen a modular el comportamiento social en general y posibilitan su uso creativo y reflexivo para los futuros profesionales. Por ello surge la pregunta acerca de cómo las instituciones de educación superior aprovechan esta circunstancia para su propia consolidación académica y para su desarrollo institucional.

En esta materia se avanza de modo lento y silencioso. No obstante, se advierte la existencia de instituciones que están siendo transformadas a ritmo variado. Ya es frecuente hablar de algunas que, como MIT, tienen sus cursos en línea y de modo gratuito; se pueden encontrar en línea programas académicos completos con ejercicios, pruebas, evaluaciones y en las más diversas áreas del conocimiento; también existen redes sociales de tutoría académica, muy similares a Facebook.

Asistimos al desarrollo de un mundo que se mueve cada vez menos en la galaxia de Gutemberg, cuyo gran centro lo constituyó el libro; y más en la de INTERNET cuyo eje central pasa por el acceso y uso inteligente de la información avanzada a través de una verdadera revolución en materia de tecnologías de comunicación.

En fin, los recursos que existen son múltiples pero lo importante es saber utilizar su potencial. Claramente, el contenido abierto puede constituirse en una fuente de grandes innovaciones en la formación universitaria, ayudando a que éstas sean “instituciones que aprenden”. La experiencia de MIT se ha vuelto un ejemplo a seguir en más de treinta países en los cuales las universidades ponen sus cursos en línea a través del OpencourseWare Consortium.

Pero de nuevo, vuelve el interrogante acerca de cómo las instituciones universitarias podrían con base en todo este material disponible construir las herramientas apropiadas para generar cambios en sus propios proyectos educativos, con la creación de nuevos contenidos y propiciando un salto en materia de calidad académica y evitando, por ejemplo a la hora de configurar su oferta, la experiencia tan negativa de hablar de “educación virtual” o “a distancia” utilizando las mismas estrategias y medios de la educación presencial pero en la distancia.

Los cambios institucionales basados en uso importante de la información disponible pueden ir muy lejos. Según Jamil Salmi: La educación superior se encuentra en un punto decisivo. Los tiempos se acercan de disponer de universidades sin edificios o aulas, e incluso sin bibliotecas. Universidades a diez kilómetros de distancias de sus estudiantes, sin departamentos académicos, sin exigencias de cursos, grados o títulos; abiertas los 365 días al año; con un catálogo de más de 4.000 materias diferentes. Inclusive, es imaginable un sistema de educación superior en el cual su calidad no se juzga por el nivel de formación de sus profesores sino por la intensidad de sus conexiones electrónicas y de INTERNET.

Es necesario ser optimista y pensar que las universidades de modo paulatino irán encontrando el camino que les permita innovar en tiempos de cambio para reencontrarse consigo mismas como instituciones emprendedoras a la altura del nuevo milenio. Como lo señala José Joaquín Brunner: Quedarán atrás las actitudes institucionales resistentes al cambio e inclinadas a la conservación de un modelo de educación superior introvertido, de transmisión analógica, renuente a la diversificación, temeroso de la competencia internacional y sin visión de futuro. Recurrir al uso creativo de la información avanzada en los más diversos campos del conocimiento y de manera innovativa podría producir una verdadera revolución educativa que incluya aumento de cobertura, innovación y calidad de modo indisoluble.

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Luis Enrique Orozco

“SOBRE LA FORMACIÓN DE COMPETENCIAS EN EL SOCIOLOGO” ultima entrega

Docencia, Investigación, Pertinencia de la educación superior, Políticas públicas Sin comentarios »

V. M. GOMEZ
Depto de Sociología.
Universidad Nacional de Colombia
Encuentro Latinoamericano de Facultades de Sociología
Bogotá, diciembre 10, 2009


En un programa basado en el principio de ‘aprendizaje’ autónomo y creativo del estudiante se hacen necesarias las siguientes condiciones:

• alto grado de flexibilidad curricular;
• validación de modalidades de aprendizaje alternativas a los cursos y asignaturas,
• aprendizaje por proyectos y problemas,
• sistemas de promoción y estímulo al mérito y la creatividad,
• y nuevos criterios y modalidades de evaluación del aprendizaje.

A. Flexibilidad curricular

Este concepto implica tres dimensiones estrechamente relacionadas:
1. Que un porcentaje significativo de los cursos o créditos del programa sean electivos, con la finalidad de que cada estudiante pueda definir y optar por su propio perfil de formación según sus intereses. 2. Que el estudiante efectivamente encuentre una amplia y diversa oferta de cursos y oportunidades de aprendizaje, como condición para el logro del objetivo anterior. Esto implica superar los estrechos límites del departamento, facultad e institución y tener acceso a múltiples ofertas de cursos en diferentes universidades en la ciudad. En algunas ciudades con varias universidades, los convenios interinstitucionales permiten a un estudiante tomar cursos en cinco o seis universidades del área urbana, articuladas en convenios. En algunas ciudades, como Boston, los estudiantes de estas
universidades pueden escoger entre docenas de cursos en cada área del conocimiento. De esta manera el estudiante logra mayor enriquecimiento en su perfil de formación y mayor autonomía en sus decisiones formativas. 3. Validación de modalidades alternativas de aprendizaje. Otra dimensión de
la flexibilidad curricular es aceptar que el aprendizaje se puede realizar a través de diversas modalidades muy diferentes a los cursos tradicionales, como proyectos de estudio independiente (individuales o grupales) con la asesoría y seguimiento de un docente, tutorías individuales, pasantías, entre otras. Es necesario entonces superar la tradición del ‘curso’ o asignatura, como la única modalidad válida y reconocida de aprendizaje. La persistencia de esta tradición se deriva del modelo tradicional de que educar es ‘enseñar’, y que el profesor es quien enseña y evalúa lo aprendido. En otras universidades en las que se estimulan las modalidades alternativas de aprendizaje se ha
evidenciado la enorme creatividad de los estudiantes, altamente motivados por su mayor autonomía en el aprendizaje.

B. Aprendizaje por proyectos y problemas.

El desarrollo de las competencias de indagación e investigación es una tarea que en colegios de calidad empieza desde los primeros grados, de tal manera que sus egresados ya han avanzado significativamente en el desarrollo de estas competencias. En colegios en los que se implementa la pedagogía por proyectos; que es una aplicación del principio de la educación activa; son evidentes los
logros de sus estudiantes en la solución de problemas, la experimentación, el estudio sistemático de fenómenos naturales y sociales, su competitividad en ferias y concursos de ciencia y tecnología (Expociencia, Expotécnica).

En el mismo estudio ya señalado de la DNCP, otra dimensión del problema curricular y pedagógico del pregrado hacía referencia a “Estudiantes formados a partir de nuevos modelos pedagógicos en los colegios, frente a pedagogías tradicionales de la Universidad. Existen actualmente pedagogías y currículos cada vez más novedosos y flexibles en los colegios (proyectos, módulos, talleres, etc.),
en los que los alumnos identifican, describen y desarrollan procesos de formación alrededor de núcleos de interés personal o grupal y en los que se transforma el estatus de poder del profesor frente al conocimiento y se fortalece cada vez más el rol del maestro como partícipe en la formación integral del
estudiante. Asimismo, se ha trascendido hacia la construcción de escenarios colectivos definidos por los mismos estudiantes, que aportan al fortalecimiento de la autonomía en la toma de decisiones, la convivencia y la responsabilidad compartida. Las nuevas pedagogías propenden, por tanto, por el reconocimiento del ‘otro’ como interlocutor válido y por el reconocimiento de sí mismo como
sujeto responsable de su propio proceso de formación. Frente a esta tendencia, al ingresar a la educación superior, los nuevos universitarios se encuentran con currículos rígidos y pedagogías que se reducen a la cátedra o a clases magistrales en las que el profesor es el poseedor del conocimiento y que no suelen favorecer la creatividad y estimular el interés por la investigación”.

En el nivel superior es necesario promover la identificación de temas e intereses de investigación en los estudiantes, desde el primer semestre, para que desde el principio de su experiencia formativa exploren e indaguen diversos temas y problemas de la sociología, superando así la pasividad frente a la enseñanza de cursos. Estos proyectos e iniciativas constituyen la principal motivación para el
aprendizaje de la sociología y la iniciación práctica o aplicada en conceptos, teorías y métodos de investigación. Algunos de estos temas pueden convertirse posteriormente en trabajos de grado maduros o en áreas o perfiles de especialización del estudiante. Estos proyectos e iniciativas pueden ser tanto individuales como grupales, lo que fomenta las competencias interpersonales tan
indispensables en el desempeño ocupacional. Con el fin de validar y legitimar estos proyectos e iniciativas de los estudiantes, es necesario organizar instancias de presentación, análisis, discusión y retroalimentación académica, las que pueden asumir la forma de seminarios o ‘semilleros’ de investigación, con determinado número de créditos académicos. Evidentemente estos proyectos e iniciativas son más factibles en programas de formación de sociólogos que estén basados en los problemas de la sociedad moderna en lugar de autores y teorías.

Por otra parte, no es posible esperar hasta los últimos semestres para que el estudiante adquiera la competencia de formulación de un pregunta o tema de investigación y pueda elaborar su tesis o trabajo de grado. Esto solo conduce a trabajos mediocres y a bajas tasas de graduación, las que presionan fuertemente a ser aumentadas y mejorar así los indicadores, a costa de la calidad de la
formación del egresado.

Los programas curriculares tienen como objetivo no sólo el aprendizaje o adquisición de determinados conocimientos y destrezas consideradas básicas o esenciales en esa área del conocimiento, sino además propiciar las condiciones y estímulos para el aprendizaje divergente, autodirigido, automotivado, por parte del estudiante, aun en áreas no previstas en el programa curricular.
El énfasis se centra en el despliegue y fortalecimiento de las capacidades e intereses del estudiante como preparación (aprestamiento) para un futuro ocupacional incierto, imprevisible, cambiante, en el cual la capacidad de aprendizaje y de recalificación continuos será más significativa que la
acumulación de información y conocimientos especializados, muchos de los cuales sufren una rápida obsolescencia y son de escasa relevancia. Se privilegia el desarrollo de las potencialidades cognitivas del individuo en lugar de su sometimiento a estructuras curriculares rígidas y homogeneizantes. Se
promueven diversas modalidades de aprendizaje como el dirigido por tutores, el estudio independiente, las pasantías, los viajes y las experiencias laborales conceptualizadas, proyectos de investigación, etc. Así mismo, se estimula la utilización creativa de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (GOMEZ, V. M. & CELIS, J., 2005). Leer el resto de esta entrada »

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Universia Colombia

“SOBRE LA FORMACIÓN DE COMPETENCIAS EN EL SOCIOLOGO” 3a. parte

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V. M. GOMEZ
Depto de Sociología.
Universidad Nacional de Colombia
Encuentro Latinoamericano de Facultades de Sociología
Bogotá, diciembre 10, 2009

IV. ¿Cómo se forman y desarrollan esas competencias o capacidades?


Existen diversas modalidades y combinaciones de insumos curriculares, pedagógicos e institucionales: formación por proyectos y por problemas, experimentación, trabajo libre en laboratorios y talleres, educación articulada a la solución de problemas locales, integración de disciplinas (como ciencias naturales y sociales) en lugar de la formación mono-disciplinaria, nuevos criterios y formas de evaluación de logros colectivos y de la creatividad, en lugar de la actual evaluación convergente e individual.., etc.

Retomando las 27 competencias identificadas en el proyecto ‘Tuning América Latina’, es posible seleccionar las 12 siguientes como las más importantes en la formación en cualquier disciplina o profesión, por su efecto positivo sobre el futuro desempeño ocupacional del egresado.

 capacidad de abstracción, análisis y síntesis

 capacidad de aprender y actualizarse

 capacidad para identificar, plantear y resolver problemas

 capacidad crítica y autocrítica

 capacidad de investigación

 habilidades para buscar, procesar y analizar información

 capacidad de comunicación oral y escrita

 capacidad de aplicar los conocimientos en la práctica

 capacidad de comunicación en un segundo idioma

 habilidades en el uso de las tecnologías de la información

 capacidad de trabajo en equipo

 capacidad para organizar y planificar el tiempo Leer el resto de esta entrada »

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Universia Colombia

“SOBRE LA FORMACIÓN DE COMPETENCIAS EN EL SOCIOLOGO” 2a.parte

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V. M. GOMEZ
Depto de Sociología.
Universidad Nacional de Colombia
Encuentro Latinoamericano de Facultades de Sociología
Bogotá, diciembre 10, 2009


III. Las competencias en la formación universitaria
Aquí se trata de analizar las implicaciones curriculares y pedagógicas de la introducción del concepto de competencias en la formación universitaria en general y en la formación de sociólogos en particular.
Una introducción obligada al tema es el reciente estudio ‘Tuning América Latina’ sobre formación de competencias en la educación superior. Este estudio se deriva del proyecto original europeo ‘Tuning’ cuyo objetivo ha sido analizar las competencias requeridas en el desempeño ocupacional de egresados de más de 30 áreas de formación y correlacionarlas con las competencias señaladas por académicos y por egresados (GIONZALEZ, J. & WAGENAR, R., 2006). Como su nombre lo indica, el proyecto ’tuning’ busca afinar, armonizar, acordar, los diversos sistemas de formación europeos, en referencia a las principales competencias (generales y profesionales) que son, o deberían ser, el producto o resultado de la formación. De esta manera se espera lograr mayor compatibilidad y comparabilidad entre los diversos sistemas europeos de educación superior, en congruencia con los objetivos del Acuerdo de Bolonia.
En el proyecto ‘Tuning América Latina’, iniciado en 2004 participaron 190 universidades en 19 países de la región. Fueron analizadas las competencias generales y profesionales de ocho áreas de formación (arquitectura, derecho, geología, física, química, ingenierías, medicina y formación de docentes). Se recibieron 22.609 respuestas a encuestas dirigidas a académicos, egresados, estudiantes y empleadores. Leer el resto de esta entrada »

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“SOBRE LA FORMACIÓN DE COMPETENCIAS EN EL SOCIOLOGO”

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V. M. GOMEZ
Depto de Sociología.
Universidad Nacional de Colombia
Encuentro Latinoamericano de Facultades de Sociología
Bogotá, diciembre 10, 2009

“Enseñar exime de la obligación de aprender”
Nicolás Gómez Dávila
Escolios a un texto implícito


I. Temas de debate sobre la formación del sociólogo

Como toda disciplina o ‘corpus’ heredado de conocimientos afines, la Sociología está conformada por un amplio conjunto de ‘contenidos’, o conocimientos, representados en autores, teorías, estudios, perspectivas, metodologías… Conjunto que conforma una herencia, una tradición, un ‘corpus’ que aglutina, une, provee identidad y delimita con otras disciplinas. Este ‘corpus’ debe ser reproducido (enseñado) en la formación de los jóvenes que aspiran a ser sociólogos, lo que asegura la reproducción intergeneracional de la disciplina, aunque esta reproducción ya no se realiza a través de la formación de pregrado, como sucedía hace 10 o 20 años. Cada carrera, programa o postgrado, cumple (o debe cumplir) esta necesaria función de reproducción de la disciplina, y también podríamos añadir la función de su cualificación y mejoramiento.
Pero en el diseño curricular de programas de formación no hay consensos sobre cuáles de esas diversas herencias de autores, temas, perspectivas, deben conformar la formación del futuro sociólogo, ni cuál es su peso relativo en el programa. Tampoco existen modelos o experiencias curriculares que puedan ser calificadas como ‘mejores prácticas’, por su valor universalista.

Algunos de los principales temas de debate y disenso sobre la formación del futuro sociólogo:
a) Sobre el nivel de formación, si en pregrado o en postgrado. Y en este nivel, la importancia creciente de estudios de doctorado para acceder a las posiciones académicas y de investigación en la disciplina.
b) Si el perfil de formación debe ser mas teórico o mas metodológico, o mas orientado a la carrera académica o al ejercicio profesional.
c) Sobre el papel de determinados autores, o teorías, o problemas sociológicos en la formación. Si ésta debe estar basada en el estudio de autores clásicos o contemporáneos, y sus respectivas intensidades en el programa.
d) O basada en teorías generales, o en temas y problemas centrales de la sociedad.
d) O centrado en contenidos, o en formación de competencias. Y dentro de éstas, si se privilegian las generales (conceptualización, investigación, capacidad de aprendizaje continuo.., entre otras) o las profesionales, y si éstas, ¿cuáles son? ¿cuáles las más importantes? ¿las de mayor efecto en el desempeño ocupacional del egresado? ¿Y cómo se define y mide ese desempeño?
e) Otro importante tema, presente en los anteriores, es el grado de monodisciplinariedad o interdisciplinariedad en la formación. Y esta decisión depende, a su vez, del énfasis o perfil académico, o profesional, del programa de formación. Leer el resto de esta entrada »

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Universia Colombia

La Necesidad de ver el significado real de las tasas bruta y neta de la cobertura en la Educación Superior.

Educación técnica y tecnológica Sin comentarios »

Con frecuencia el gobierno presenta como un logro importante, quizá el más importante de la “Revolución educativa”, el aumento en la tasa de cobertura de Educación Superior y señala que se ha pasado de una tasa bruta de cobertura del 24.47% en el 2002 al 32.48% en el 2007. Ciertamente, es un avance; pero no se menciona la tasa neta que es más interesante porque muestra realmente la capacidad del Sistema para integrar a la población a este nivel de formación.

A su vez, la diferencia entre la tasa de cobertura bruta y la tasa de cobertura neta identifica cuántos de los que están asistiendo a un nivel educativo no tienen la edad que les corresponde, sea porque están retrasados o adelantados.

Por lo tanto, es necesario mirar la realidad de modo completo mostrando una y otra tasa de cobertura. En efecto, a partir de las Encuestas Continuas de Hogares del DANE, para los años 2002 a 2007 se calcularon las tasas de cobertura superior bruta y neta. A continuación se presentan los resultados: Leer el resto de esta entrada »

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Luis Enrique Orozco

LA SANGRÍA INTELECTUAL DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

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Por Gonzalo Duque-Escobar

Escribe por estos días en El País de España el filósofo y escritor español Rafael Argullol una nota titulada “Disparad contra la ilustración”, en la que llama la atención sobre el costo social que representa la transformación de la universidad pública a causa de la renovación universitaria: como consecuencia del “desprecio por la vertiente científica y cultural” habla de una “sangría intelectual” en estas instituciones, concebidas para cumplir una misión no confesional y con funciones propias del Estado que anteceden a las del gobierno de turno.

Por lo que ocurre en Colombia, donde aún encontramos quienes preferimos el camino largo y complejo para obtener como recompensa el conocimiento, como alternativa al utilitarismo de la posesión inmediata de la que habla Argullol, compartimos su tesis de que la política de estímulos económicos para la producción científica ha logrado fomentar en las universidades grupos académicos estériles conformados por doctores que se desempeñan a modo de mercenarios, para asegurarse la estabilidad o para producir puntos con consecuencias salariales: publican en revistas de impacto unos artículos que casi nadie lee, y hacen uso de su buen criterio buscando el momento oportuno para ocupar cargos burocráticos. Sobre ellos dice Argullol: “No me refiero, desde luego, a los tramposos ventajistas que siempre ha habido, sino a los tramposos que caen en su propia trampa”.

Lamentablemente, la clase dirigente muy preocupada por el crecimiento económico, poco atenta al desarrollo cultural seguirá pensando en la lógica del mercado antes que en las necesidades de un Estado socialmente responsable y ambientalmente sostenible. Y lo peor entonces, es que en un medio en el que la conciencia de la Nación no se ejerce desde la intelectualidad y en el que apenas se reconoce como interesante el humanismo, y donde no se sabe de la función social de los intelectuales, los humanistas y de la importancia del arte, los cambios y transformaciones no podrán dar una respuesta adecuada a las complejas problemáticas de una sociedad afectada por una profunda crisis de valores.

Estamos convencidos de que desde la ciencia sufriremos estas consecuencias, pero mantenemos la convicción de que podremos aportar en la dirección correcta. Y como decía el humanista, investigador y maestro Guillermo Páramo Rocha, Antropólogo, Profesor y ex Rector de la Universidad Nacional de Colombia: “si ésta cultura creó la Universidad y también creó la Empresa, es porque Universidad y Empresa no son la misma cosa”.

Desde el OAM, Ed. Circular RAC 532.
http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales/

Imagen: http://www.artgerust.com

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Universia Colombia

Las universidades frente al Desarrollo sostenible

Docencia, Funciones de la universidad contemporánea, Investigación 2 Comentarios »

Forma parte de la responsabilidad social de las organizaciones en general, y de las universidades en particular, el desarrollar acciones que favorezcan un desarrollo sostenible. No es sólo una necesidad sentida en el planeta sino un compromiso que se generaliza cada vez más. Claro está que este buen propósito tiene como presupuestos que:

a- Se rechace la posición de Milton Friedman sobre el concepto de responsabilidad social, según la cual las organizaciones no deben pretender asumir obligaciones que no les corresponde y que vayan más allá de aumentar sus ganancias;

b- Las universidades desarrollen líneas de acción que le son propias y que se enmarcan muy bien en consensos internacionales sobre la materia. Por ejemplo, lo acordado en la Declaración del Milenio del año 2000, en la cual se consignan ocho objetivos que deberán ser cumplidos en el año 2015 por los 188 países firmantes, entre ellos Colombia. Los objetivos básicos a los cuales hace referencia esta Declaración, apoyada y coordinada por la Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OCDE apuntan: a erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la educación universal; alcanzar la igualdad de los géneros; reducir la mortalidad de los niños; mejorar la salud materna; combatir el VIH/SIDA; alcanzar la sotenibilidad del medio ambiente y fomentar una asociación mundial;

c- Tener un concepto claro de las exigencias del desarrollo sostenible a saber: la satisfacción de la necesidades fundamentales de la población, la protección de los recursos naturales mediante el empleo de tecnología limpias, no emprender acciones o políticas que sacrifiquen las generaciones presentes y futuras; y, sobre todo, facilitar la construcción de una sociedad centrada en lo humano, en la justicia y en el respeto a los derechos. Leer el resto de esta entrada »

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Luis Enrique Orozco

Globalización e innovación en las instituciones de educación superior

Funciones de la universidad contemporánea, Pertinencia de la educación superior, Políticas públicas Sin comentarios »

Nos seguimos preguntando por el sentido de la globalización en la dinámica de transformación de la educación superior y las respuestas surgen de fuentes ideológicas muy variadas desde aquellas que hacen de esta realidad y del neoliberalismo de base la fuente de todos los males, hasta aquellas otras que consideran la globalización como la superación de todo provincialismo y la panacea del mundo actual. Por fin, piensan estos últimos, hemos trascendidos las barreras del aislamiento para entrar en una era de interdependencia, en una especie de “aldea global” en la que la solidaridad será el valor fundamental en la construcción de un “mundo con rostro humano”. En todos estos planteamientos hay mucho de lugares comunes, de ingenuidad política y de hipercriticismo.

Pero, en cuanto se refiere al mundo de las universidades, debemos pensar seriamente lo que significa este fenómeno para la orientación inmediata de las tareas que a ellas corresponde. En esta dirección hay algunas ideas que puede movilizar la reflexión de las instituciones. Entre otras las siguientes:

1. La globalización no es un concepto nuevo ni posee una significación exclusivamente geográfica. La historia de los descubrimientos, o de las migraciones, como también la historia del Arte nos muestra el surgimiento de la idea de un mundo como totalidad en continua interacción. No es, por lo tanto, un concepto nuevo.
2. Lo que ha cambiado es la escala y el ritmo con que ocurre en el presente. En efecto, el fenómeno de la globalización afecta de modo simultáneo a todo el mundo y con un ritmo creciente, merced a las modernas tecnologías de la información y de la comunicación cuyo impacto en la educación ha modificado el concepto de tiempo y espacio del aprendizaje, haciendo de la educación virtual una estrategia de innovación adoptada por las políticas públicas de educación en los diferentes países de la región. Esta globalización a gran escala y a ritmo acelerado genera una nueva manera de ver el mundo; genera “cosmovisiones” que trascienden las barreras nacionales; se construye de esta manera un mundo sin fronteras que clama por la integración, que pone en tela de juicio al “Estado nacional”, pero. Por sobre todo, que impulsa a abandonar el provincialismo en aras de una visión planetaria.
3. Con la globalización coincide la emergencia de nuevas formas de producción del conocimiento y un nuevo papel de éste en la producción. La riqueza de las naciones procede menos del factor trabajo y más de la aplicación del conocimiento, con lo cual surge la necesidad de reconocer el liderazgo e importancia de la formación universitaria en los escenarios de hoy. De esta manera surge un mercado del conocimiento cuyo dinamismo pone en tela de juicio la manera tradicional como la universidad enfrenta las tareas de la docencia centrada en disciplinas y de hacer gestión de las actividades de investigación en materia de ciencia y tecnología. Es este dinamismo el que obliga a las IES a trabajar en red, a privilegiar la actividad interdisciplinaria, a favorecer las metodologías activas, intensivas y a orientar sus objetivos de aprendizaje hacia el logro de competencias generales (que contribuyen a estructurar el carácter y la personalidad del estudiante) y específicas (centradas en la capacitación profesional). Se habla y, con razón, de la necesidad de una “revolución metodológica”. Leer el resto de esta entrada »

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Luis Enrique Orozco
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